Australia suspende su tratado de extradición con Hong Kong por la Ley de Seguridad Nacional china

Al igual que hiciera Canadá la semana pasada, Australia suspende su tratado de extradición con Hong Kong por la draconiana Ley de Seguridad Nacional impuesta por China, que ya está recortando las libertades de las que disfrutaba esta antigua colonia británica. El Gobierno de Camberra ha tomado esta decisión debido a la «imprecisión y excesiva amplitud» de sus delitos, que pueden llevar a «detenciones arbitrarias» como ha denunciado la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. «Es un cambio fundamental de las circunstancias con respecto a nuestro tratado de extradición y ya se lo hemos notificado formalmente a las autoridades de Hong Kong y China», anunció este jueves el primer ministro australiano, Scott Morrison.

Además, extenderá de dos a cinco años los visados de estudios y temporales que tienen ahora unos 10.000 hongkoneses que viven en Australia, abriéndoles así el camino al permiso de residencia por si quieren emigrar, o más bien exiliarse. Canberra sigue el camino del Reino Unido, que ofrecerá la ciudadanía a los tres millones de hongkoneses con pasaporte británico de ultramar (BNO). «Habrá ciudadanos que puedan estar buscando mudarse a algún sitio, para empezar una nueva vida llevándose sus habilidades, negocios y otras cosas que tenían bajo el conjunto previo de leyes y normas en Hong Kong», señaló Morrison, quien destacó que «Australia siempre ha sido un país muy acogedor para este tipo de personas de todo el mundo». Según informa el periódico «South China Morning Post», se trata de la mayor oferta de acogida migratoria desde que el primer ministro Bob Hawke permitiera la entrada de 27.000 estudiantes chinos tras la masacre de Tiananmen en 1989. Más que un «corredor humanitario», en esta ocasión Australia quiere atraer a los hongkoneses con negocios que puedan acogerse al programa de visados «Talento Global». De hacerlo, se sumarán a los 87.000 hongkoneses que ya viven en Australia, a tenor del censo de 2016.

Desde el estallido de las protestas contra el régimen chino hace un año, han sido detenidas más de 8.000 personas en Hong Kong

PABLO M. DÍEZ
Empeora la crisis
Sin esperar a que se conozcan más detalles ni la reacción en Hong Kong, esta decisión agravará la crisis entre China y Australia, que atraviesan el peor momento de sus relaciones diplomáticas. Desde que Canberra pidió una investigación independiente sobre el origen de la pandemia del coronavirus, que estalló en enero en la ciudad china de Wuhan, el autoritario régimen de Pekín ha respondido con una «guerra comercial» prohibiendo sus exportaciones de ternera y limitando las de cebada, dos de los principales productos de sus intercambios. Para Australia, que ha caído en recesión por el coronavirus después de tres décadas de crecimiento sostenido, el daño es enorme porque el 33 por ciento de sus exportaciones van a China.

A pesar de su dependencia económica, Canberra no duda en enfrentarse al régimen de Pekín y acaba de recomendar a sus ciudadanos «no viajar» ni a China ni a Hong Kong por el «riesgo de detención arbitraria». «Las autoridades han arrestado a extranjeros por ˝poner en peligro la seguridad nacional˝ y los australianos pueden correr también el riesgo de una detención arbitraria», advierte el portal gubernamental de viajes Smartraveller.

Además de por la Ley de Seguridad Nacional en Hong Kong, sus avisos se basan en que China mantiene detenidos a varios australianos. Entre ellos destacan el escritor Yang Hengjun, acusado de espionaje el año pasado, y Karm Gilespie, condenado a muerte en junio tras ser detenido en 2013 con 7,5 kilos de droga en el aeopuerto de Cantón (Guangzhou).

Por su parte, Pekín ha advertido a sus nacionales del riesgo de «acoso» o «racismo» en Australia, que es uno de sus principales destinos para estudiar o invertir en propiedades pero donde últimamente ha habido varios incidentes antichinos por el coronavirus.

Acusaciones mutuas
Subiendo de tono, la crisis se ha enredado en una batería de acusaciones mutuas de espionaje. Por una parte, Canberra ha denunciado «ciberataques» chinos y registrado la casa de un diputado debido a la creciente infiltración de Pekín en sus esferas políticas, económicas y académicas, que los medios locales llevan tiempo revelando. Por la otra, el periódico «Global Times», altavoz del Partido Comunista, ha «resucitado» el escándalo de los micrófonos hallados hace 25 años en las obras de la Embajada china en Canberra y acusado a los servicios secretos australianos de llevar a cabo operaciones en su territorio y en Hong Kong para obtener informaciones y deserciones. En un extenso y delirante artículo, este diario ultranacionalista publicaba recientemente una foto con las pruebas «irrefutables” del material incautado a los supuestos espías: una brújula, un mapa de metro, un cuaderno, unos «pen-drive», mascarillas, guantes y dinero en yuanes y dólares.

Menos broma se merecen los gastos militares de Canberra, que subirán un 40 por ciento durante la próxima década, hasta los 270.000 millones de dólares australianos (166.000 millones de euros), por la creciente tensión con China en la región del Indo-Pacífico. Las espadas siguen en alto en el convulso mundo que está dejando el coronavirus.