Una semana con los iPhone 12 mini y el grandullón iPhone 12 Pro Max: ¿cuál vale más la pena?

La hornada de esta temporada de Apple toca todos los palos. Con el iPhone 12 Pro Max se tiene una bulería; alegre, bulliciosa. La presencia de los modelos iPhone 12 transmiten serenidad, como un tango. Su hermano el iPhone 12 Pro es más rápido, como una soleá. Pero la gran novedad ha sido el pequeñito de la casa, el más gracioso: el iPhone 12 mini. Una fusión de las prestaciones esperadas en un tamaño compacto.

La elección de uno u otro depende, sobre todo, del dinero. Ninguno de los cuatro son productos accesibles para todos los bolsillos, pero este año la multinacional estadounidense ha decidido reducir la brecha de entrada con el «mini», una versión que forma una curiosa pareja con su «hermano» de mayores dimensiones. Ambos coinciden en algunos aspectos internos como la elección del chip, un A14 Bionic, que le confiere un notable rendimiento en todos los escenarios.

El tamaño importa
Estéticamente presentan grandes diferencias. Lo primero que llama poderosamente la atención es el tamaño. El mini es el móvil más compacto que ha hecho compañía. Es pequeño, manejable. Tiene una pantalla de 5,4 pulgadas que encaja en un bloque de aluminio y cristal con buenos acabados (y colores más juveniles). Es suficiente y compacto. Cómodo y ligero, de solo 133 gramos. En realidad es como el iPhone 12, con el que comparte desde chip, memoria, cámaras y diseño, pero a un tamaño más amigable. A pesar de todo, se puede escribir bien y hay espacio para ver contenido sin tener que usar unos prismáticos.

Es el formato idóneo para personas con manos pequeñas o los que gustan de algo más manejable si no fuera porque tiene algunas limitaciones como la duración de la batería, que cubre el día con dificultades, unas nueve o diez horas a pleno rendimiento. Es un 10% menos que el modelo superior. Es para darse cabezazos contra la pared. Tirando de las redes 5G incluso más, por lo que puede llegar a ser frustrante. Ni siquiera en un uso moderado lo sobrepasa, pero es un peaje que se tiene que pagar con este formato interesante que posiblemente era muy necesario ante la escalada de milímetros que ha registrado el mercado móvil en los últimos años.

A su vez, el iPhone 12 Pro Max es el grandullón de la clase. De unos 226 gramos de peso, es una bestia en todos los sentidos. Monta la pantalla más grande que ha fabricado nunca la empresa, de unas 6,7 pulgadas. Pero, en cambio, tiene un tamaño similar al de un iPhone 8 Plus, con lo que se tiene un producto apropiado para reproducir contenidos multimedia sin renunciar a unas dimensiones preocupantes. Aún así, en el bolsillo de un pantalón sobresale. Ambos también incorporan la pantalla Super Retina XDR, que llega a toda la línea de iPhone por primera vez con un panel de tipo OLED de diseño personalizado. Ofrece una buena calidad de imagen, bien calibrada y perfeccionada. Todo un lujo para este tamaño.

Cámara continuista
Donde más se aprecian las diferencias es en el apartado fotográfico. Y aquí hay mucha tela que cortar. En el caso del «mini» nos encontramos con una doble cámara de 12 megapíxeles por lente: un gran angular y un ultra gran angular (no tiene telefofo). Muy continuista pero que se han incorporado algunas tecnologías interesantes como la grabación de vídeo en Dolby Vision. Ofrece zoom óptico de dos aumentos.

Con el iPhone 12 Pro Max, en cambio, se tiene mejor cámara. Mantiene el nivel y se luce con una triple cámara, que destaca por haber mejorado sustancialmente el controvertido ultra gran angular. Pero el sensor principal tiene mayor tamaño, con lo que obtiene más luz. Por su parte, el teleobjetivo tiene algo más de recorrido, un zoom x2,5. Ahora, todas sus focales disparan en modo noche y se benefician de un nuevo sensor Lidar para condiciones de baja luminosidad. Este sensor se aprovecha también en el modo retrato con un recorte algo mejorado y perfeccionado que el pasado año. Comparado con el modelo iPhone 12 Pro apenas hay diferencias a nivel fotográfico.

Esta tecnología permite también interpreta mejor las distancias y mejora el recorte del efecto «bokeh». Se ha añadido un nuevo sistema de corrección de deformidad para lograr escenas mucho más creativas con el ultra gran angular. El nuevo sistema de estabilización es mejor, aunque apenas se nota en comparación con el año pasado. En general, sus dos grandes bazas son la batería (impresionante que se extiende a más de día y medio) y la enorme superficie de su pantalla para disfrutar.

Una de las novedades es la posibilidad de utilizar el nuevo conector MagSafe, que se conecta mediante un sistema magnético en la parte de atrás. Ambos son compatibles con este sistema. Con un matiz: el modelo «mini» no carga a tanta potencia como el resto de sus hermanos. Funciona bien sin carcasa (debe de ser oficial para usarlo) pero la transferencia de energía es algo lenta. Es un invento interesante, rescatado del baúl de los recuerdos de Apple (estaba presente en los ordenadores MacBook) pero ahora se le ha dado una nueva vida hasta el punto que se han desarrollado accesorios para trasladar incluso tarjetas de crédito.

Reseña elaborada gracias a una unidad cedida por la marca