Un pequeño partido comunista inaugura una estatua de Lenin a la puerta de su sede en Alemania

La tela que cubría la estatua, roja por supuesto, fue retirada ayer con gesto solemne y ante una asamblea de 300 camaradas por la presidenta del partido, Gabi Fechtner. El Partido Marxista-Leninista de Alemania (MLPD), una formación política residual, con unos 2.800 afiliados y sin representación en ningún parlamento, había financiado con unas cien microdonaciones el traslado de la estatua de Lenin, de 2,15 metros de altura y 1.2 toneladas, fundida originalmente en la República Chena en 1951 por Vladimir Kyn Horovice.

La operación ha costado 16.000 euros. Ayer fue inaugurado el monumento a la puerta de su sede, en el distrito oeste de Gelsenkirchen. «Esta estatua de Lenin es una estaca», proclamó Fechtner, no sin cierta afectación, «con ella hemos desencadenado ya una gran discusión en la sociedad y podemos considerar que se trata de un primer triunfo». Se refería a que el Tribunal Superior Administrativo de Renania del Norte-Westfalia había emitido anteriormente una prohibición de erigir la estatua de Lenin y hay varias demandas interpuestas que seguramente obliguen a retirarla en un breve plazo. «¡La hora de las estatuas en honor de personajes fascistas y enemigos de la libertad del pueblo ha terminado!», gritó entre cervezas y banderas rojas, sin duda en referencia al movimiento iconoclasta que en EE.UU. derriba estatuas por doquier.

Ante la imposibilidad de evitar a tiempo la polémica inauguración, la ciudad de Gelsenkirchen ha lanzado una campaña bajo el título #keinplatzfuerlenin (#nohaysitioparalenin) y un vídeo en el que varios expertos documentan las violaciones a los derechos humanos y la persecución de los disidentes del régimen comunista de la Unión soviética, además de una exposición sobre la historia del comunismo en el vecino castillo de Horst.

«Es difícil de soportar, que un dictador al frente de un gobierno del terror sea homenajeado públicamente en nuestra ciudad, pero no hemos podido evitarlo en los tribunales y solo nos queda manifestar nuestra firmeza en el rechazo a la reescritura de la historia y al retroceso en los avances democráticos», ha declarado el alcalde de Gelsenkirchen, Frank Barano. «Lenin simboliza la violencia, la represión, el terrorismo y sufrimientos humanos horribles», ha afirmado el Consejo General de Gelsenkirchen-Oeste en una resolución, «no toleraremos semejante símbolo antidemocrático». «¿Qué puedo decir? Que no volveré a pasar por esa calle, que me están vedando parte de mi propia ciudad y que no hace tanto tiempo como para no acordarse de lo que era el comunismo», declaraba ante las cámaras de la televisión regional Bernd, un jubilado que acudió a la inauguración con una pancarta en la que podía leerse «viva la democracia».