Putin agradece a la ciudadanía el apoyo a su reforma constitucional para seguir en el poder hasta 2036

Mientras el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificaba de «triunfo» el apoyo a las enmiendas constitucionales que permitirán continuar en el poder hasta 2036 al presidente Vladímir Putin, éste aprovechaba una videoconferencia para agradecer a la ciudadanía el apoyo obtenido. Sin embargo, la ONG rusa Golos, dedicada a desenmascarar el fraude electoral, ha denunciado numerosas irregularidades en la votación del miércoles.

El movimiento «Niet» (no), que llamó a votar en contra de la reforma de la Carta Magna para impedir, entre otras cosas, la eternización de Putin, ha convocado una concentración para el 15 de julio con la intención de lograr que se impugnen los resultados de la consulta. Tal pretensión no parece que tenga muchas posibilidades de materializarse dado que tendría que ir a los tribunales y la Justicia rusa es muy sensible al estado de ánimo reinante en el Kremlin.

La Comisión Electoral Central (TsIK en sus siglas en ruso) ha dado por buenos los resultados de la votación y cierra la puerta a una reclamación de carácter general. «No tenemos constancia de casos que puedan suponer un vuelco en los resultados», declaró ayer la presidente de la TsIK, Ela Pamfílova. Según sus datos, el apoyo al «sí» supuso el 77,92% de los votos escrutados con un participación del 67,97%.

«Quiero dirigir unas palabras de agradecimiento a los ciudadanos, quiero darles las gracias por su apoyo y confianza», manifestó Putin durante una de sus habituales reuniones telemáticas retransmitidas por las televisiones del país. Dijo que las reformas constitucionales aprobadas suponen «una mejora del sistema político y la consolidación de las garantías sociales. El fortalecimiento de la soberanía, de la integridad territorial y de nuestros valores espirituales, históricos y morales».

Problemas por resolver
Pero no hizo alusión directa a la enmienda que le permitirá seguir presentando su candidatura durante dos mandatos más. El presidente ruso recordó la desintegración de la Unión Soviética y aseguró que «todavía hoy somos muy vulnerables», queriendo dar a entender que sigue haciendo falta una mano firme como la suya para dirigir el país otros 16 años.

Al mismo tiempo, dijo comprender a quienes votaron en contra de las enmiendas y admitió que hay muchos problemas todavía por resolver. «La gente a menudo se topa con injusticias e indiferencia. Muchos viven todavía en condiciones difíciles y a nosotros, a los dirigentes del país, nos parece que hacemos todo lo posible, Pero no, la realidad nos muestra otra cosa», aseguró.

La ONG Golos, además de incidir en la imposibilidad de fiscalizar adecuadamente un proceso electoral que se extiende por espacio de siete días, reiteró que durante la consulta hubo votación repetida de unas mismas personas, violación del secreto de voto, obligatoriedad en múltiples casos de acudir a las urnas en los puestos de trabajo bajo la mirada de los jefes y, en términos generales, «falsificación» de los resultados.

Baile de cifras
El mismo análisis hace el movimiento opositor «Niet», que asegura en su página web que en Moscú, de acuerdo con sus propios cálculos, votaron en contra de la reforma de Putin el 55% de los electores, no el 34% como señalan las cifras facilitadas por la Comisión Electoral. En declaraciones a la radio Eco de Moscú, el líder de la organización, Andréi Pivovárov, afirmó que los datos referidos a San Petersburgo tampoco son fiables, ya que allí, según sus datos, votaron en contra de las enmiendas el 63% mientras las cifras oficiales hablan de un 22%. Así que han convocado una concentración para el 15 de julio en la plaza Pushkin de Moscú con la intención de lograr las suficientes adhesiones para impugnar los resultados del plebiscito.

La reforma de la Carta Magna la lanzó Putin el pasado 15 de enero y, tras pasar las enmiendas por las dos Cámaras del Parlamento y las asambleas locales, debió celebrarse la votación el pasado 22 de abril. Pero la situación creada tras estallar la pandemia de Covid-19 obligó a posponer la consulta, que ha durado siete días, entre el 25 de junio y el 1 de julio, con el argumento de que se evitarían aglomeraciones y riesgo de contagios. La oposición, sin embargo, cree que tal práctica, sin precedentes en la historia electoral mundial, ha servido más bien para amañar los resultados.