PlayStation y Xbox, veinte años echando una partida sin pausa

Con PlayStation 5, que desde hoy comienza a ocupar un hueco junto a los televisores de un puñado de (afortunados) usuarios españoles, arranca definitivamente la novena generación de consolas en nuestro país. Durante los próximos siete u ocho años, la nueva sobremesa japonesa tratará de revalidar la condición de favorita de los videojugadores frente a una Xbox Series X que, sobre el papel, promete mucha más guerra de la que dieron en el pasado sus hermanas mayores. La marcada apuesta de Microsoft por el juego en «streaming», su agresiva política de compra de estudios y su plan de democratizar la idea de la multiplataforma -la posibilidad de jugar a sus videojuegos desde cualquier dispositivo- coloca a Xbox en un puesto envidiable de cara al futuro. Cuando el formato físico, y su importancia dentro de una industria que lo sigue necesitando más que al pan, se vaya apagando en favor del digital.

«Creo que el videojuego se va a consolidar definitivamente como la principal opción de entretenimiento para gente de todas las edades y de toda condición. También creo que se desarrollarán sus capacidades en otros ámbitos, ya sean culturales, educativos o de turismo, entre otros tantos. Por ahí vamos a crecer muchísimo. Además, espero que se eliminen ciertos prejuicios y alcanzar algo más de reconocimiento», explicaba a ABC hace unos días José María Moreno, director general de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), sobre lo que se espera de esta nueva generación. Siete u ocho años en los que Sony y Microsoft seguirán jugando una partida que no ha tenido pausa durante casi 20 años.

Un comienzo complicado
A pesar de los intentos de Xbox por coronarse como reina de las consolas, PlayStation ha conseguido salir victoriosa de cada generación. La primera consola de Sony, lanzada al mercado en 1994, no solo ayudó a democratizar el juego en 3D, también fue determinante para que el videojuego consiguiese alcanzar la condición de fenómeno social y cultural que tiene en la actualidad. A esta máquina la sucedió seis años después la PlayStation 2, que todavía figura como la consola más popular de la historia gracias a sus 160 millones de unidades vendidas en todo el mundo. Demasiado, en todo caso, para la primera Xbox, que llegó al mercado en 2001 ocupando el puesto de una Sega que, tras las pobres ventas de Saturn y Dreamcast, tuvo que recoger sus bártulos y retirarse definitivamente del hardware.

A pesar de la diferencia en ventas entre PS2 y la primera máquina de Microsoft -que tan solo convenció a 24 millones de usuarios, la matoría estadounidenses- Xbox ofrecía una potencia gráfica muy por encima de las de la popular sobremesa de Sony. Era, sin duda, la máquina más potente del momento y, además, aportó un catálogo en el que figuran los primeros exponentes de sagas tan reconocibles como Halo, Forza o Fable, franquicia que contará próximamente con un nuevo exponente. También fue el receptáculo de «Crimson Skies», «Ninja Gaiden», «Star Wars: Caballeros de la antigua república» o joyas y continuaciones de la desaparecida Dreamcast, como «Shenmue 2». Casi nada.

Sin embargo, PlayStation 2, además de contar con el enorme impulso que supuso la popularidad de su hermana mayor, también disponía de un catálogo impresionante («Ico», «Shadow of the Colossus», «Metal Gear Solid 2», «Metal Gear Solid 3», «God of War») además de la funcionalidad de fábrica, sin necesidad de periféricos, de leer películas en DVD, que ayudó a más de uno para convencer a sus padres de que se rascasen los bolsillos y comprasen la máquina. Sea como fuere, el éxito de la segunda consola de Sony no impidió que en la siguiente generación, la de Xbox 360 y PS3, la cosa estuviese más pareja.

Más competencia, pero idéntico resultado
En 2006, cuando Sony lanzó su tercera sobremesa, la compañía se dio cuenta de que el precio de salida de un sistema puede decantar el futuro del producto. Independientemente del éxito que cosechase con el anterior. Especialmente si tenemos en cuenta lo limitado que es el catálogo de exclusivos en esos momentos. Con la primera PlayStation, lanzada en 1994, la tecnológica consiguió batir a una compañía mucho más asentanda en el mercada como Sega, en parte, gracias a que ofreció un producto más barato. Una década después, cuando salió a la venta la PlayStation 3 por 600 euros, las tornas cambiaron y fue Microsoft la que estuvo por delante durante muchos meses con su Xbox 360 gracias a que la sobremesa costaba 200 euros menos.

A pesar de algunos problemas técnicos en los primeros sistemas que salieron al mercado, Xbox 360 es, posiblemente, la consola más importante que ha facturado Micosoft hasta la fecha. A nivel de ventas fue la más competitiva, acercándose mucho con sus 86 millones de consolas vendidas a las 90 de PS3 cuando fueron retiradas del mercado. También dio a luz a la saga Gears of War, cuya quinta entrega se encuentra entre lo mejorcito de Xbox One, la consola que comenzó a escribir el camino que (esperan) seguiran los videojuegos en el futuro; cuando se democratice la idea de que el jugador de consolas puede seguir disfrutando de sus títulos y de las novedades que llegan a través del «smartphone» o la tableta.

Con ese rumbo fijado navegó desde 2017 la (ya) penúltima consola de Microsoft. La plataforma aterrizó en 2013 en los comercios lastrada por la obligatoriedad del Kinect, que encarecía la consola 100 euros. Mientras esto ocurría, Sony despegaba como un cohete con una PS4 que entre 2015 y 2016, cuando llegaron los «Uncharted 4», «Horizon: Zero Dawn» y compañía, ya era prácticamente inalcanzable en ventas. Phil Spencer, director de la división de videojuegos de Microsoft, se esmeró por convertir el Game Pass, la plataforma de videojuegos en «streaming» de la compañía que permite disfrutar de más de un centenar de obras por 9,99 euros al mes, en su gran punto de apoyo a través del que crecer en los próximos años. Como parte de esa política, la empresa estadounidense ha ido comprando nuevos estudios que surtirán de grandes propuestas a sus consolas y a sus servicios online. Llama especialmente la atención la adquisición de Bethesda, con lo que Microsoft podría convertir en exclusivas sagas con tanta solera como «Doom» o «The Elder Scrolls».

Queda por ver si Xbox Series X será capaz de conseguir lo que, hasta el momento, Microsoft no ha logrado: derrotar a Sony, vender más sistemas y videojuegos y capitanear la industria. La empresa no será sencilla, pero si el Game Pass cala y convence a los usuarios, se puede ver. PlayStation 5, mientras tanto, seguirá apostando durante los próximos meses por alimentar a sus jugadores con exclusivos. En el horizonte figuran el próximo God of War, «Ratchet & Clank: Rift Apart» y «Horizon: Forbidden West». También se espera que el servicio PlayStation Now, el equivalente del Game Pass en los sistemas de Sony, se vaya asentando. Mientras esto ocurre, la partida continua.