La imperiosa necesidad de inversión en transformación digital para el sector sanitario español

En este 2020 la Covid-19 ha pasado de ser una completa desconocida a algo que ha cambiado profundamente nuestras vidas. Durante los últimos meses hemos visto cómo nuestro sistema sanitario se ha visto puesto a prueba y sobrepasado, tanto desde el punto de vista de las infraestructuras como del capital humano. Ha ocurrido en todo el mundo pero, por desgracia, se ha sentido especialmente en España. A medida que la curva se doblegaba, hemos visto imágenes de calles vacías, que contrastaban con las camas abarrotadas de hospitales y clínicas que no han dado abasto.

Informes como «Sistemas de salud: un análisis global», presentado por la Fundación Mapfre en colaboración con el IDIS, alababan el sistema sanitario español y su robustez, y es cierto que lo ocurrido ha puesto al límite nuestros recursos, pero también es cierto que podemos aprender, tratar de sacar algo «positivo» de la crisis de la Covid-19, y comenzar a prepararnos para transformar lo que ha fallado y potenciar lo que está funcionando.

Una de las principales herramientas para el refortalecimiento de nuestro sistema sanitario, que se denota imprescindible, es sin duda la transformación digital del sector, trabajando sobre casos reales y de alto valor, apoyándonos en las nuevas tendencias tecnológicas que, por otro lado, han demostrado ya sobradamente su valía en la práctica totalidad de los sectores de actividad.

Estos hechos, chocan frontalmente con los resultados del VII estudio de la SEIS sobre el gasto público anual de los Servicios Autonómicos de Salud en Tecnologías de la Información y Comunicación, en el que se afirma que dicho gasto se redujo en 2019 en un 3% respecto al año anterior, y casi en un 6% con respecto al presupuesto total sanitario.

Poderosa aliada
La tecnología es una poderosa aliada de cualquier sistema sanitario en toda la cadena de valor de la prevención y la prestación asistencial. También se encuentra en un proceso de constante maduración y evolución, con lo que la atención y la inversión tienen que ser potenciadas, a fin de estar a la vanguardia y disponer de los mejores recursos para el cuidado de la salud de los ciudadanos y, por supuesto, salvar el mayor número de vidas posibles.

Informes como el «Pandemic Response Plan of Healthcare» de Gartner recopilan una serie de soluciones de prevención y actuación en caso de una posible pandemia, así como posibles medidas a tomar en el futuro. Medidas como el fomento del trabajo a distancia, incluido el del sector sanitario, mejoras en la línea de abastecimiento y la mejora de las infraestructuras que lo permitan son algunas de las propuestas, que no sólo son válidas en un marco de pandemia, sino que ofrecerán grandes beneficios, mejoras en el servicio asistencial prestado y ahorro de recursos en situaciones de normalidad.

Quizás, una de las razones del gran potencial que todavía tiene la transformación digital en nuestro sistema sanitario, lo encontramos en el hecho de que España opera bajo un modelo de prestación totalmente descentralizado. Son las diferentes Comunidades Autónomas las que gestionan prácticamente la totalidad de las competencias en lo que a prestación de los servicios sanitarios se refiere, dando lugar a la coexistencia de 17 sistemas con muchas similitudes, pero con algunas diferencias clave, por ejemplo, en el «case-mix» tecnológico existente en cada una de ellas.

Todos habremos oído argumentos a favor y en contra de la centralización o descentralización de los sistemas sanitarios públicos a diferentes niveles: estructura, costes, nivel de servicio, equilibro entre la oferta y la demanda, etc., pero lo que parece indiscutible es que, en términos generales, unas autonomías albergan deudas y diferencias tecnológicas cruzadas frente a otras, y que por otro lado los modelos de colaboración entre la sanidad pública y la privada tienen aspectos de mejora que podrían apalancarse en la digitalización. Se hace, por tanto, necesario difuminar estas barreras si queremos mejorar de forma cuantitativa y cualitativa en todos los ámbitos de la respuesta asistencial, mejorando a la vez la sostenibilidad del sistema en su globalidad.

La tecnología puede ayudarnos de innumerables maneras en la lucha contra las enfermedades, especialmente en casos extraordinarios de pandemias. Sería capaz, por ejemplo, de ayudar a mejorar la coordinación entre diferentes organizaciones, sin atender a sus jerarquías o niveles asistenciales.

Hablamos de la adquisición, almacenamiento y distribución de material sanitario, de la coordinación y colaboración entre Comunidades Autónomas a fin de, si así fuera necesario, compartir recursos y pacientes en caso de producir un beneficio global, y teniendo en cuenta por supuesto factores de proximidad y de equilibrio entre la oferta y la demanda; gestión y realización de test de diagnóstico, etc. La tecnología permitiría mejorar drásticamente la coordinación entre comunidades autónomas, ministerios, e incluso entre diferentes estados y la OMS, lo que nos ayudaría a comprender mejor las situaciones y a tomar decisiones de forma más rápida y eficiente.

Aprovechamiento de recursos
Pero la tecnología también nos puede ayudar en la gestión de los Recursos Humanos, en el aprovechamiento óptimo de nuestro capital humano. Durante estos días ha sido fundamental que las empresas conocieran el estado de salud de los empleados, a fin de poder coordinar mejor los esfuerzos de cara a aislar a aquellos empleados que habían contraído el virus y conseguir proteger al resto.

En este caso, la tecnología puede ayudar a replanificar en espacios cortísimos de tiempo la plantilla de un hospital, clínica o residencia de ancianos, en función del estado de salud de sus trabajadores. Nos proporciona un conocimiento prácticamente en tiempo real de si esos trabajadores han estado o no expuestos, han viajado a zonas de riesgo, etc.

Si bien los diferentes estados, incluido España, han apostado por la geolocalización «outdoor» para intentar trazar y analizar la movilidad de los ciudadanos en aras de prever el comportamiento de la pandemia y poder actuar en consecuencia, la geolocalización indoor, puede aportar mucho valor a las organizaciones, de manera que se podría monitorizar de forma individual un centro de trabajo (una fábrica por ejemplo) con diferentes plantas y centenares de empleados, cada uno con su propia rutina de movilidad.

Con un margen de error mínimo, se podría localizar a las personas dentro de edificios y monitorizar su actividad, permitiendo a las empresas gestionar mejor este tipo de crisis y, en vez de poner en cuarentena a todo el personal, sólo higienizar las zonas y trabajar sobre las personas con las que el enfermo haya tenido contacto.

En cuanto a la prestación asistencial en sí misma, la telemedicina es una de las grandes herramientas para mejorar la seguridad de profesionales y pacientes, y si bien no es una novedad, se verá tremendamente reforzada, ya que facilita, además del seguimiento de pacientes de Covid-19 no graves, el distanciamiento social en aquellos procesos asistenciales en los que no se requiera la presencia física del paciente. No olvidemos que los centros asistenciales son lugares públicos con tendencia a soportar aglomeraciones, y que por otro lado suponen potenciales focos de infección.

En lo que respecta al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, la mejora de los tiempos de diagnóstico y su exactitud, y la elaboración de modelos predictivos, tanto a pequeña como gran escala, tecnologías como el Big Data, la Inteligencia Artificial (IA) y el Machine Learning se posicionan como nuevos terrenos de juego. Se están comenzando a hacer programas de aprendizaje para acelerar la fase de diagnóstico, como en el caso de las placas de tórax.

Mediante el estudio de las características específicas de estas placas, podemos aplicar programas de IA y desarrollar algoritmos para la detección precoz de enfermedades infecciosas, identificando las características específicas de la neumonía que provoca. Cuanta más información -más datos- posean estos programas, más podrán aprender y más eficientes serán en su labor.

En el caso concreto de la Covid-19, por ejemplo, combinando la trazabilidad de las personas con los modelos predictivos, podríamos comprender cómo se podría extender una futura nueva pandemia, permitiéndonos variar parámetros como perfil poblacional, densidad de población, nivel de confinamiento, para desarrollar casos teóricos y tomar medidas específicas. Esto permitiría tomar mejores decisiones a nivel local y regional, personalizar cada situación y adoptar las medidas más eficientes en cada caso.

En definitiva, la lección más importante que deberíamos aprender de la Covid-19 es que la tecnología nos puede ayudar de innumerables maneras a mejorar nuestro sistema sanitario. No hay que perder la oportunidad de invertir en transformación digital cuando todo vuelva a la normalidad, ya que podemos proteger mejor a la gente, identificar sus enfermedades más rápido, adelantar los tratamientos y, sobre todo, salvar más vidas.

Luis Martínez es director del área de Salud en Neoris España