El FBI desarticula una milicia antigubernamental que planeaba el secuestro de la gobernadora de Michigan

El FBI y las autoridades estatales anunciaron ayer la desmantelación de un plan criminal para secuestrar a la gobernadora de Michigan, la demócrata Gretchen Whitmer, sacarla del poder e iniciar una guerra civil en el estado del Norte de EE.UU.

El origen de la trama está en las protestas contra los confinamientos que Whitmer decretó la pasada primavera -como en la mayoría del país- en el peor momento de la epidemia de Covid-19. Entonces, milicias anti-gubernamentales armadas entraron en el Capitolio del estado, con otros manifestantes, para presionar a Whitmer para que levantara restricciones.

Estos grupos se consideran «patriotas» dedicados a defender la Segunda Enmienda -el texto constitucional que consagra el derecho a portar armas- y el resto de la Constitución.

Donald Trump, que en aquellos momentos estaba enfrentado contra varios gobernadores demócratas- saludó las protestas con un mensaje en Twitter que fue polémica y que redoblaba la tensión: «Liberad Michigan», escribió en mayúsculas el presidente de EE.UU. Trump mantuvo una guerra con Whitmer durante meses, lo que elevó el perfil nacional de la gobernadora, que llegó a estar en las quinielas para ser la candidata a vicepresidenta del demócrata Joe Biden.

Las fuerzas de seguridad detectaron los planes subversivos de algunos de estos grupos en redes sociales y comenzaron un seguimiento. Un grupo de seis hombres, según un documento publicado por el FBI, planearon el secuestro de Whitmer, para lo que hicieron al menos dos visitas de vigilancia a su casa de veraneo en preparación de su acción. La idea era entrar en el domicilio, secuestrar a Whitmer, detonar un puente cercano y trasladar a la gobernadora al estado vecino de Wisconsin, donde sería sometida a un «juicio».

La fiscalía del estado también presentó un escrito de cargos contra siete personas relacionadas con la milicia autodenominada «Vigilantes lobeznos«, que planeaban atacar a fuerzas de la seguridad y provocar una guerra civil. Durante el verano, realizaron entrenamientos tácticos para estas actividades.

La desarticulación de estos grupos ocurre en un momento de máxima polarización política y con la sombra de la violencia en EE.UU. ante lo que pueda ocurrir tras la cita electoral del 3 de noviembre, en la que Trump se juega su reelección. El presidente ya ha dicho que no se compromete a reconocer los resultados que le den perdedor -se justifica en el aumento del voto por correo por la pandemia- y ha lanzado mensajes polémicos a grupos radicales. En el debate bronco de la semana pasada con Biden, el moderador le pidió que hiciera un llamamiento a los grupos radicales para que dejen que el proceso democrático transcurra con normalidad. «Dad un paso atrás y permaneced listos», fue la reacción de Trump cuando se le pidió que condenara a los Proud Boys, un grupo violento de extrema derecha.

«Cuando nuestros líderes hablan, sus palabras importan, tienen peso», aseguró ayer Whitmer tras conocerse la noticia, y en referencia clara a Trump. «Cuando nuestros líderes mantienen encuentros, animan o fraternizan con terroristas domésticos, legitiman sus acciones y son cómplices».

El republicano Mike Shirley, que lidera la mayoría de su partido en el senado estatal de Michigan, condenó al grupo de detenidos y aseguró que «una amenaza contra nuestro Gobierno es una amenaza contra todos nosotros. Condenamos a quienes conspiraron contra ella o contra nuestro Gobierno», dijo en referencia a Whitmer. «No son patriotas. No hay honor en sus acciones. Son criminales y traidores y deberán ser perseguidos con todo el peso de la ley».

Michigan es uno de los estados más decisivos en las elecciones presidenciales. Trump lo ganó por la mínima en 2016 y Biden tiene ahora una ventaja justa en las encuestas.