Dengue y malaria: preocupaciones añadidas en tiempos de la Covid-19

La promoción de acciones encaminadas a una mejor gestión ambiental para la prevención de enfermedades vehiculadas por mosquitos, como el dengue o la malaria, constituye una asignatura pendiente en República Dominicana.

No cabe duda de que la aparición de la COVID-19 a finales del pasado año en Wuhan, en la provincia china de Hubei, está suponiendo un reto sin precedentes para la Salud Global. Dentro de las acciones que se están llevando a cabo en la larga lista de países afectados se incluye el cierre de establecimientos no esenciales y el confinamiento de la población, entre otras, medidas que República Dominicana adoptó dentro del marco de actuación frente a esta virosis. Restringir las movilizaciones fuera del hogar para cuestiones que no sean estrictamente necesarias se antoja imprescindible para evitar nuevos contagios. Por tanto, los dominicanos seguiremos confinados en nuestros hogares durante un periodo de tiempo todavía indeterminado a fin de protegernos de este nuevo patógeno. Sin embargo, cometeríamos un grave error al dejar de prestar atención a otros patógenos que nos son mucho más familiares, algunos por propagarse principalmente en el ámbito doméstico.

Las enfermedades vehiculadas por mosquitos, como la malaria y el dengue, representan un gran problema para la salud pública por la capacidad de estos vectores de producir epidemias. Las áreas tropicales y subtropicales son las más afectadas del orbe debido a ciertos patrones climáticos que favorecen la velocidad y frecuencia de reproducción; sin embargo, estas enfermedades están comenzando a causar brotes en zonas templadas, como Norteamérica o Europa, debido a los efectos del ya manido cambio global. Más allá de la influencia de los factores climáticos sobre la salud y su posible relación con la emergencia o reemergencia de enfermedades, el fenómeno de la transmisión debe ser entendido desde un enfoque multifactorial. Por ejemplo, ciertas actividades humanas pueden alterar los hábitats de los vectores y a su vez condicionar en gran medida el aumento del número de casos de una enfermedad. Factores como los cambios del uso del suelo, la deforestación, la urbanización no planificada, los movimientos migratorios o la inadecuada gestión de los residuos sólidos son algunos de los determinantes más importantes.

Estas enfermedades continúan siendo un grave problema en la región de Las Américas, a pesar de los esfuerzos para contenerlas y mitigar el impacto de las epidemias. República Dominicana es uno de los países en donde ambas enfermedades son endémicas. Según datos de la Dirección General de Epidemiología (DIGEPI), en 2019 se diagnosticaron en el país 20,183 casos dengue con un balance de 53 fallecidos (en 2018, 1,579 casos y 1 fallecido) y 1,302 casos de malaria, con un total de 4 fallecidos (en 2018, 480 casos y sin fallecimientos). En lo que llevamos de 2020 la situación no es halagüeña. En relación al dengue, entre las semanas epidemiológicas uno y ocho se notificaron 2,327 casos; para la malaria, el total acumulado fue de 315 casos en dicho periodo. El incremente de la tasa de incidencia para ambas con respecto al mismo periodo de 2019 es preocupante e indica, al mismo tiempo, que las medidas de prevención y control que se implementan en la actualidad necesitan ser reevaluadas.

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