Confianza miedosa

Dentro y fuera de Estados Unidos, todos los medios de referencia ofrecen estos días análisis de intención de voto y encuestas sobre las elecciones del 3 de noviembre que decidirán el ocupante de la Casa Blanca durante los próximos cuatro años. Los resultados coinciden en ser pésimos para el presidente Trump, no ha logrado encabezar ni una sola encuesta nacional en los últimos dos meses, frente a una ventaja de dos dígitos para su rival demócrata, Joe Biden.

Por mucho que Trump se haya embarcado en un carrusel de autodestrucción, con el consiguiente consenso político de que Estados Unidos avanza a pasos de gigante por el mal camino, todo lo ocurrido en 2016 obliga a la máxima cautela a la hora de interpretar estas encuestas. El Partido Demócrata, que pensaba también que podía ganar con Hillary Clinton, ahora es el primero que se toma los buenos augurios para noviembre con una mezcla de confianza y miedo, sin hacerse excesivas ilusiones.

Una elocuente historia del «Washington Post» ha explicado que la clave de esta confianza miedosa es la ignorancia compartida por los demócratas sobre las raíces del trumpismo: «Les preocupa que su partido todavía no entienda completamente lo que llevó a los votantes a respaldar a Trump en primer lugar, y están aterrorizados de que el exceso de confianza, como algunos de ellos mismos tuvieron hace cuatro años, los lleve a la complacencia».

En la trastienda de esta radiografía electoral se encuentra el frenético pulso de Trump contra Trump y la sospecha de que Biden se beneficia solamente de rebote. El ex vicepresidente encabeza las encuestas en las jurisdicciones clave (swing states); junta cada vez más donaciones para financiar su hasta ahora anémica campaña; y además, la tormenta perfecta (pandemia, recesión y enfrentamiento racial) contra la reelección de cualquier presidente. Con todo, lo peor que se puede hacer con Donald Trump sería volver a subestimarle.