China, China über alles

Henry Luce, el gran editor americano, argumentó en las páginas de su revista «Life» que si el siglo XIX había estado liderado por el Reino Unido gracias a su imperio colonial, el siglo XX debería estar dominado por Estados Unidos pero de forma mucho más altruista. Decir esto en 1941 venía con la letra pequeña de superar el tradicional aislacionismo americano y jugar un sacrificado papel de buen samaritano en la defensa y promoción de la libertad y la democracia por todo el mundo.

Hijo de misioneros presbiterianos, Henry Luce nació en China en 1898 y se dice que aprendió a hablar antes en mandarín que en inglés. Con eses credenciales únicas, este influencer de la Casa Blanca seguramente habría anticipado mejor que nadie los acelerados esfuerzos por parte del régimen comunista de Pekín para convertir el siglo XXI en el siglo de China.

El mismo gigante asiático fracturado e inviable que conoció Henry Luce durante su infancia, subestimado como «el enfermo de Asia» en su decadencia imperial, es ahora el líder mundial en número de propietarios de viviendas, usuarios de internet, graduados universitarios y, según las cuentas de la desigualdad, el país que acumula más multimillonarios en perfectísima sintonía con el poder.

La extrema pobreza ha sido reducida a menos del 1% y centenares de millones han superado la miseria. Lo que fuera una parte marginal del mundo, aislada y empobrecida, ha logrado convertirse en el más importante rival de Estados Unidos. Incluso, según recordaba con ironía el New York Times, «la tierra que fracasó a la hora fracasar» ha conseguido formular una problemática alternativa a Occidente al segregar con rentable éxito democracia y capitalismo.

Desde la abolición de la limitación de mandatos presidenciales en 2018, Xi Jinping lidera un régimen cada vez más dictatorial y expansivo, con los medios necesarios para salirse con la suya. La pandemia está sirviendo para revalidar todo este autoritarismo y expandir su matonismo geopolítico. Por eso, China se atreve a recetar una medicina tan amarga para Hong Kong, Taiwán y todos sus vecinos.