Arabia Saudí restringe la participación en la peregrinación anual a la Meca por el coronavirus

El coronavirus no podrá con el hajj, pero sí lo condicionará de manera muy importante. Tras varios meses de deliberación, y con 161.000 infectados y 1.300 muertos por la Covid-19 en el reino, las autoridades de Arabia Saudí anunciaron que sí se celebrará la tradicional peregrinación anual a la Meca
, que se desarrollará entre el 28 de julio y 2 de agosto, pero con un número limitado de asistentes, todos menores de 65 años y residentes en el país. Esta fue la decisión del Ministerio de Hajj y Umrah «a la luz de la continuación de la pandemia y los riesgos de la propagación del coronavirus en espacios con multitudes y grandes reuniones, su transmisión entre países y el aumento de la media de infecciones globales».

Los saudíes quieren una peregrinación segura y para ello han reducido la asistencia a 10.000 fieles, mientras que en 2019 fueron 2,5 millones, 1,8 millones de ellos llegados desde el exterior. Puede haber extranjeros entre ellos, pero todos deben ser residentes en el reino y tendrán que hacerse el test antes de pisar los santos lugares. Una vez allí, se les tomará la temperatura cada día y se comprometen a respetar la distancia social. Finalizada la peregrinación, se comprometen a realizar una cuarentena de dos semanas.

Estas son las condiciones dictadas por el Ministerio de Hajj y Umrah en coordinación con el Ministerio de Salud, que también prepara un hospital para hacer frente a posibles emergencias durante la peregrinación. Los responsables de ambas carteras, Muhammad Saleh Benten y Tawfiq Al-Rabiah, informaron de estas medidas sin precedentes en una rueda de prensa virtual.

El hajj es la peregrinación que todo musulmán debe realizar al menos una vez en su vida si la salud y la cartera se lo permiten, según el Corán. Es uno de los cinco pilares del islam (los otros cuatro son la profesión de fe, la oración cinco veces diarias, el ayuno durante el ramadán y la limosna) y sirve para que los fieles limpien su alma y demuestren que todos son iguales ante Dios. La imagen de la enorme marea humana girando en torno a la kabaa es el símbolo de esta cita religiosa. Todos los fieles, vestidos únicamente con una túnica blanca sencilla a la que llaman ihram, dan vueltas en torno a esta construcción en forma de cubo de color negro considerada «la casa de Dios» y hacia la que orientan su oración los musulmanes de todo el mundo. Este año la imagen será muy diferente.

Primero, seguridad
El anuncio saudí fue bien recibido por el gran Imán de Al Azhar, jeque Ahmed Al-Tayyeb, quien valoró de forma positiva «la continuidad del hajj, pero teniendo siempre en cuenta la seguridad de los peregrinos». Al Azhar es la institución de referencia para el Islam suní, la corriente a la que pertenecen la mayoría de musulmanes. La Liga Mundial Musulmana aplaudió la cautela de las autoridades del reino y su secretario general, Mohamed Bin Abdul Karim Al-Issa, declaró que «la emergencia provocada por la pandemia representa un caso excepcional que la sharia (ley islámica) debe tomar en consideración para anteponer la salud de los fieles».

El hajj es la segunda gran prueba en tiempos de coronavirus para el mundo musulmán tras la celebración del ramadán. Durante el mes sagrado del ayuno las mezquitas permanecieron cerradas -incluidas las tres más sagradas como son Meca, Medina y Al Aqsa, en Jerusalén- y los fieles tuvieron que rezar en sus domicilios. Antes de comenzar el ramadán hubo un debate abierto en medios y redes sociales sobre si debía o no respetarse el ayuno en tiempos de pandemia, pero Al Azhar zanjó las dudas y decretó que el virus no era excusa para no hacer ramadán.